¿Quién es Jorge Bernal?

Jorge Bernal: el inconforme

Nació en 1952, en Bogotá, en el Barrio Restrepo. Su padre, Julio Bernal, fue un pequeño fabricante de zapatos y su mamá, Beatriz Medina, ama de casa. Aunque estudió en un colegio privado y era el “consentido del hogar”, a los 18 años no tuvo interés en comenzar una carrera profesional (como esperaban sus padres) y dejó su casa para conocer la vida de los campesinos colombianos.

De esta manera terminó viviendo diez años en la Costa Caribe  y participando de los movimientos campesinos de los años setenta. A principios de los 80, casado y con un hijo, se instaló en Medellín, donde participó en la fundación de diversas organizaciones cívicas y fue socio de varias de ellas.

Jorge Bernal fue socio de organizaciones como la Corporación Región, Instituto Popular de Capacitación (IPC), la Escuela Nacional Sindical y Conciudadanía.

Más adelante, se trasladó a Bogotá donde fue director de Viva la Ciudadanía. También hizo parte de redes internacionales de organizaciones sociales y académicas.

En cuanto a su formación académica y profesional se puede decir que fue un autodidacta; su único soporte fue aquello que atesoró a lo largo de su vida: los buenos libros. A los 40 años, después de escribir diversos textos, realizar investigaciones y ser director de  varias instituciones, decidió estudiar una carrera y le alcanzó la energía para hacer un posgrado. Dichos estudios los realizó a pesar de la desconfianza que sentía hacia las instituciones educativas.

Sus trabajos académicos y su razón de vivir estuvieron siempre vinculados a la defensa de la democracia y a la lucha contra la desigualdad social y la exclusión. Como parte de su legado académico quedaron sus libros: Sudor y tabaco,La tercera pata de la mesa, Integración y equidad, Equidad y política social en Colombia, Extradición: nudo gordiano o corredizo, Democracia y ciudadanías y, su último trabajo, La exclusión social y la desigualdad en Medellín.

De su carácter podemos afirmar, sin duda, que fue un indignado.

Le indignaba la injusticia, la concentración de la riqueza,  la afrenta que significa que los poderosos ganen tanto, casi siempre a costa de los otros.

Le dolía ver que en los momentos de bonanza ganaban unos y en los de quiebra perdían los demás.  No entendía por qué se aceptaban ese tipo de cosas. Ante lo anterior, uno de sus más queridos amigos escribió en el acto de despedida:

“como lo comentamos muchas veces tú y yo, parafraseando a Carlos Marx, la estupidez no fue de quien dijo que este pedazo del planeta me pertenece –la propiedad privada sobre la tierra- la estupidez mayor fue de quienes lo aceptaron”.

También era un terco; cuando muchos -que antes eran críticos y protestaban- empezaron a creerse la historia del fin de la historia, él no se la creyó. Tampoco lo convencieron los cantos de sirena que ensordecieron al país durante ocho años. Siempre dijo que era un engaño, que estábamos frente a un asalto a nuestras instituciones y nuestra maltrecha democracia. Pagó el precio que se paga en estos casos: muchos lo tildaban de dinosaurio y de aguafiestas, pero el tiempo le dio la razón.

Con la misma pasión con que asumía la filosofía, la política y su trabajo, encaraba la vida cotidiana. Era generoso y solidario. Nunca fue mezquino ni con su tiempo ni con su dinero -que nunca tuvo en exceso- si se trataba de ayudar a sus amigos y hacer felices a quienes más quería. Decía que era un pobre con gustos refinados: disfrutaba el vino, la buena comida, los viajes y las tertulias con sus amigos. También era un rumbero, le encantaba la salsa y el son cubano. En sus últimos años fue seguidor fiel de Sabina y Calamaro. Su colección de música y su exquisita biblioteca personal cuentan la historia de un ser inmensamente rico.

Jorge murió en agosto de 2010, a los 58 años, en Medellín a causa de un infarto repentino. Falleció sereno y, sin duda, feliz: vivió a su manera. A quienes lo conocimos nos dejó como legado su indeclinable inconformidad con la desigualdad social, su pasión, su profunda convicción de la necesidad de construir un mundo mejor para todos y su sonrisa sin límites.

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SÉPTIMA CONVOCATORIA

Segunda fase de evaluación hasta el 31 de octubre.